El pasado 15 de febrero tuvo lugar la Jornada sobre Identidad y Género en la moda, en el museo del Traje de Madrid. La exposición “La Vie en Rose”, una mirada a la historia del color rosa, ofreció la oportunidad única de plantear dos días de reflexión sobre el color y su proyección en los temas de identidad.

Todos los ponentes invitados de gran calidad, fueron desgranando sus análisis y construcciones sobre este color y su simbología. Se abordaron cuestiones como el análisis del color rosa en la historia de la moda, pasando por el papel de las mujeres en la moda, la reflexión sobre si las niñas van de rosa, y finalizando con el rosa y su domesticidad, entre otros temas.
Desde el principio quedo claro que no hay ninguna fuente en la naturaleza sea de origen animal, vegetal o mineral, de la que se obtenga directamente el color rosa, es decir debe recurrirse a la mezcla de rojo con blanco para su obtención.
El rosa asociado a la feminidad es una construcción del siglo XX. Hasta finales del siglo XIX, aclaro Jaime de Cuenca, los niños y las niñas vestían casi igual en forma y en color.
La asignación de los colores es una construcción de los años, 40, 50 y el principio del Baby Boom. Se produce un afianzamiento del concepto de ama de casa americana, que era además el núcleo duro del consumo. Los roles de género pasan a convertirse en elementos cromáticos de color. Y aquí la figura de Mamie Eisenhower fue esencial para reforzar el papel de las mujeres como amas de casa, madres, y esposas, todo ello coloreado en rosa. Desde Estados Unidos, esta influencia pasa a Europa, extendiéndose en las sociedades occidentales esta nueva paleta cromática que divide a los sexos en azul y rosa.
El rosa no será una cuestión solamente de moda, se convierte en una cuestión de política transversal. El binarismo de colores, rosa y azul llegará hasta la cuna y el parto mismo.
Pero en el siglo XX, el poder del rosa va mas allá, siendo adoptado como imagen de diversos colectivos gay y feminista desde los años sesenta, y con el revierten el mismo modo su asociación con la opresión.
El triangulo rosa que habían utilizado los nazis para marcar los homosexuales en los campos de concentración se invierte literalmente, para reapropiarse de un símbolo que representaba la represión mas cruda. Y el entorno del rosa pastel caracterizando la feminidad débil, se convierte en manos de distintos agentes sociales en un instrumento que trata de definir una identidad fuerte, activa y social o comprometida.
La generación de nuevas identidades a través del lenguaje de la imagen, ha introducido de nuevo el rosa en la paleta masculina actual, trascendiendo de su relación excluyente con la feminidad.
Nuevos tiempos, nuevos símbolos y significados en el rosa, que definirán su supervivencia y sentido político.















